“El corazón es un cazador solitario” de Carson McCullers

De repente deseó estar de vuelta en la silenciosa habitación del sordomudo y contarle los pensamientos que albergaba su mente. Resultaba extraño querer hablar con un sordomudo. Pero se sentía solo  (p.67).

mccullers-corazonEsto es lo que les sucede a los personajes de El corazón es un cazador solitario, la primera novela de McCullers que, con tan solo 23 años, sorprendió a críticos y lectores (pasando muy pronto a ser equiparada con Faulkner). Todos se sienten a gusto, alegres, comprendidos y, principalmente, escuchados por John Singer, el protagonista en torno al cual giran las historias que dan forma al libro y que, paradójicamente, es sordomudo. La paradoja no reside solo en el hecho de que Singer sea sordomudo y los demás quieran hablar con él, sino que la causa principal de que estos personajes sean almas solitarias la tiene precisamente la incomunicación con el resto de la sociedad. La llegada del mudo al pueblo cambiará la vida de estos marginados sociales. Todos quieren estar con él, hablar con él, contarle sus planes de futuro, sus sueños, sus metas o sus ideales, y todos se sienten perfectamente entendidos. Cada cual asigna al sordo las cualidades que más le gustaría que tuviera. Pero, en realidad,  Singer lo único que hace es “escuchar” y poco más. 

La narración de la historia se sitúa en un pueblo al sur de los Estados Unidos en la década de 1940, un pueblecito al que llega Singer después de que a su compañero de piso y amigo lo trasladen a una clínica de Chicago a consecuencia de una enfermedad. Será en el restaurante de este pueblo al que acude el mudo a comer todos los días donde, mediante un magnífico efecto dominó, la autora nos presente a todos los personajes haciéndolos coincidir allí. Biff Brannon, el dueño del restaurante, un hombre bonachón y buena persona que siempre está dispuesto a ayudar a la gente. Mick, una adolescente aventurera y solitaria, la cual un día descubre la música clásica, lo que la lleva a experimentar emociones y sensaciones que ni ella misma sabe explicar. Su obsesión será comprar un piano algún día y convertirse en una gran compositora. El doctor Copeland, médico del pueblo, negro y enfermo de tuberculosis. Eternamenre cabreado (desilusionado) con sus hijos porque no consigue hacerles ver que viven dentro del conformismo que la sociedad les ha impuesto para servir a los blancos, de ahí que todos trabajen en cocinas de blancos. Y por último el borracho Jake Blount. Nadie sabe muy bien de dónde ha salido, pues es forastero. Está en contra del capitalismo y tiene un plan para que los demás vean y sepan.  Cuatro individuos marginados e introvertidos pero con una gran vida interior y con grandes inquietudes.

… ¿A quién le importa que usted y su millar de negros se desparramen por esa apestosa letrina llamada Washington? ¿Dónde está la diferencia? ¿Qué importan unas pocas personas, negras, blancas, buenas o malas, si toda nuestra sociedad está edificada sobre unos cimientos de mentiras? (p.301)

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Con estos personajes y en este escenario, que podría ser perfectamente su propio pueblo y el personaje de Mick ser ella misma, la autora hace partícipe al lector de todos los secretos que guardan estos incomprendidos. A través de una prosa sencilla, un lenguaje fácil de entender, con unas descripciones muy detalladas, haciendo siempre referencia a los sentidos (olor, color, sonidos, frío, calor) y sin grandes florituras, McCullers expone los sentimientos más íntimos e importantes en la vida: la felicidad, la tristeza, el odio o el amor, para así llegar a lo más profundo del ser humano. Aunque también se traten temas como el racismo, las diferencias sociales, el hambre, la pobreza, el capitalismo o las creencias religiosas, el sentimiento que destaca cuando acaba la novela es la defensa del amor por encima de todo. Pero un amor libre, no amor a lo socialmente correcto (a un familiar, a una pareja heterosexual, o el deseo por algo material). Aunque no lo haga explícitamente, la autora habla de sexo, de promiscuidad, de homosexualidad y de una serie de temas sobre los que, en aquel momento, era complicado opinar.

manosEsa comprensión que llega a haber entre Singer y los demás, entendiéndose sin hablar, con solo una mirada, es lo que McCullers consigue que suceda entre el lector y los personajes. Conforme van avanzando las historias, cada vez se siente más cómplice, se identifica y se posiciona respecto a las vivencias de cada uno, pero lo más importante: al cerrar el libro nos replantearemos muchas cosas de la vida, sobre todo respecto a cómo enfrentar los problemas y saber diferenciar lo que realmente lo son. Porque el ser humano es dado a interiorizar sentimientos y no querer mostrarse débil ante los demás, de ahí el gran error de pensar que mostrar amor nos hace vulnerables. Quizá este sea el motivo por el que estamos siempre tan tensos y a la mínima sale a relucir el sentimiento del odio y la revancha. Una lectura imprescindible.

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