Ciudad sin silencio

Desde la semana pasada nos hemos propuesto salir a pasear por las tardes, sentarnos un rato en algún sitio tranquilo para desconectar de las rutinas diarias. Él escribe, yo leo. Cuando te gusta escribir viene muy bien lo de pasear en silencio. Sentarte en un sitio tranquilo y con vistas agradables pero, sobre todo, en silencio. Es cuando impera el silencio cuando, con la mente despierta, las ideas vienen solas. Además, es el mejor momento para tener  unas muy buenas conversaciones con uno mismo.

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A mí, para leer, también me gusta estar en un sitio tranquilo con buenas vistas, pero lo que me es imprescindible es el silencio. Cuando digo silencio creo que todos sabemos a lo que me refiero, no necesito un silencio sepulcral, me conformo con un silencio urbano. Siendo de toda la vida de esta nuestra ciudad (Alicante), uno cree conocer todos los rincones, así pues sabes dónde ir con la intención de disfrutar de ese paseo o rato de tranquilidad. El primer día fuimos al parque de Canalejas. Un parque bonito, con mucha sombra, gracias a esos espectaculares ficus, y lleno de recuerdos de cuando era niño e iba los domingos a jugar allí. Pero tranquilidad poca.

Primero debes tener la suerte de encontrar algún banco libre, y no porque estén simplemente ocupados por gente que, como yo, pueda ir a pasar la tarde con los niños, que para eso son los parques. Un tercio está ocupado por ropa, mochilas y demás pertenencias de vaya usted a saber quién, todo ello aderezado con algún bote de cerveza o cartón de vino tirados por el suelo. Otros están ocupados por grupitos de jóvenes que hablan de fútbol a pleno grito mientras se insultan cada vez que se dirigen unos a otros, como si no tuvieran nombres. Algunos cazan pokemon, estos al menos se mueven de un sitio para otro y hacen algo de ejercicio, aunque también gritando. El tema del ruido ya es otra cosa. Por un lado el tráfico, por otro los gritos de algunos hombres de origen magrebí discutiendo entre ellos o simplemente hablando (a gritos) a lo que hay que sumar la música de los móviles (casi siempre reggaetón) de jóvenes que parecen no haber descubierto los auriculares.

Está muy bien que el Ayuntamiento haya instalado en muchos de los grandes parques de la ciudad máquinas para hacer deporte. Lo que ya no está tan bien es que algunos jóvenes piensen que esas máquinas son de su propiedad exclusiva y vayan allí como si fuera el gimnasio. Se jalean unos a otros, ponen la música para acompañar los ejercicios y si pasas cerca te miran con cara de perdonarte la vida con la mirada, como si la calle fuera suya. A veces entiendes lo que hablan, pues son españoles; otras (muchas) no. Tampoco faltan las madres (maleducadas) en los columpios con sus niños (maleducados). Todos sabemos que los parques son para los niños y todos hemos sido niños y hemos jugado en las plazas del barrio. Los niños jugando hacen ruido, pero eso es una cosa y otra cosa es lo que he observado estos días en la ciudad. Luego están los perros. Yo tengo perros, de hecho me gustan mucho los animales, pero si estoy en un parque no me gusta ver gente llevando el perro suelto. Yo no lo hago, además sé que está prohibido y he visto poner multas a amigos por llevar a sus perros sueltos. Lo mismo con no recoger las cacas. Me gustaría saber ¿dónde está la brigada canina en todos estos sitios?. Casi peor es la señora (suelen ser señoras de cierta edad) que lleva al perrito con cinco metros de correa extensible. Además de poder cruzarse y hacer que alguien se caiga, como no andes con cuidado el perro puede acercarse, hacerse pis en tu pie y la dueña ni enterarse. Y la limpieza deja mucho que desear, mejor no hablemos de la limpieza.

Visto esto, cambiamos de sitio: Plaza Gabriel Miró, mirador a la playa en el Rabal Roig, panteón de Quijano, la plaza del Barrio Santa Cruz y alguno más que se me olvidará. En todos ellos he encontrado lo mismo (quizá no todo junto). No me quejo de que no me pueda sentar a leer en un banco en un parque, no. Los parques están para que haya gente en ellos y socializar, de lo que me quejo es de la mala educación de esa gente, creciente por generaciones,  que junto con la dejadez de a quien corresponda tener la ciudad limpia hace que no apetezca sentarse en un parque, suponiendo que encuentres un banco y no esté  lleno de mierda.

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Y esto lo observo ahora, en pleno mes de agosto. Se supone que somos una ciudad turística y deberíamos dar una buena imagen. Pues va a ser que no. Se me ocurren sitios a los que ir a sentarme y a relajarme, sin ruidos ni gente maleducada alrededor, pero debería coger el coche. Quiero pensar que es que no he buscado bien, en caso contario me parece muy triste. Me sentí un poco fuera de lugar en mi propia ciudad. Acepto recomendaciones. Mientras tanto me quedaré en mi casa. Espero que la vecina no ponga la música (reggaetón, por supuesto). Otro día ya hablamos de la letra de estas canciones. 

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