“Fin de campo” de Don De Lillo

Fue  en 1972 cuando De Lillo (Donald Richard De Lillo, Nueva York, 1936) escribió la que sería su segunda novela, End Zone.  Con ella se ganó el reconocimiento de lectores y críticos y pasó a ser considerado como uno de los grandes novelistas contemporáneos. Pero no sería hasta finales de 2015 cuando la editorial Seix Barral la publicase por primera vez en castellano, bajo el título Fin de campo.

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La acción transcurre en una universidad norteamericana al oeste de Texas en cuyo equipo, el Logos College, juega al fútbol americano Gary Harkness. Será el propio Gary quien nos cuente su historia en primera persona. Una vida aparentemente sencilla pues su día a día consiste en entrenar, jugar al fútbol americano, ir a clase y leer. Pero Gary no es un chico sencillo, sino que se trata de una mente inquieta, nihilista según el día (lo mismo está ilusionadísimo con el futbol que al día siguiente no le encuentra ningún aliciente ni le motiva), extraño y, como sus compañeros le dicen, un “tío un poco raro”. Esa aparente sencillez desaparece en el momento que acaba la temporada  y no tiene unos horarios marcados, unas obligaciones y una rutina establecida. A Gary le fascina leer todo cuanto cae en sus manos que esté relacionado con la guerra nuclear y sus consecuencias, tema que le apasiona, lo que le lleva a  recrear en su  mente la “megamuerte”; incluso llega a sentir un cierto placer al pensar en las terribles consecuencias de esa hipotética explosión. Esto ya le empieza a preocupar.

Y es con estos dos temas aparentemente tan dispares, el fútbol americano y la guerra nuclear, con los que De Lillo traza un evidente paralelismo. Refleja a la perfección la necesidad de violencia que tiene el ser humano para así demostrar su superioridad frente a los demás. Es aquí cuando, aunque no sepamos nada de fútbol americano, vemos perfectamente esa similitud entre el campo de batalla y el campo de fútbol; los dirigentes políticos son los entrenadores, quienes dan las órdenes a los jugadores de rugby, que serían los soldados. En una charla que mantiene Gary con el profesor de Geopolítica le dice esta frase: «Pero hoy las cosas han cambiado. Hay pocos hombres que quieran ir a combatir. Nos ponemos a prueba a nosotros mismos, nuestra hombría, de otras maneras, ganando dinero, […] y adquiriendo poder de una manera u otra». Otra de esas maneras es la victoria en el campo de juego.

futbol americano

Un  aspecto que De Lillo diferencia claramente es el tipo de lenguaje que utiliza para las conversaciones de según qué personajes. Por un lado tenemos los soliloquios de Gary, donde observamos frases largas, rebuscadas y significados ambiguos, ya que Gary tiene un pensamiento profundo y metafísico. Todo lo contrario se da en los diálogos de los compañeros de equipo y otros estudiantes, donde el autor utiliza frases cortas, palabras simples e incluso tacos (dejando claro con esto el diferente grado de inteligencia entre Gary y los compañeros). Y en un término medio se encontrarían las conversaciones de Gary con Myna y Anatole, su “amiga especial” y su compañero de habitación respectivamente. Algo que consigue a la perfección el autor es ponernos en situación de cualquier acción, haciendo hincapié en los sentidos: el olor a sobaco, la visión de un escupitajo resbalando por la bota, la imagen bajo el sol de  esa mierda que brilla y reluce cual estrella en el cielo y  que Gary encuentra de vuelta a la universidad, tras visitar al profesor en el hotel.

Don_DeLillo_447258aJunto con Gary conviven todos los compañeros de clase y equipo (personajes intrascendentes). Pero si hay dos personas  interesantes, son su compañero de habitación Anatole, el judío que quiere dejar de serlo y su amiga Myna, una chica gorda que dice estar muy contenta de ser como es. De Lillo pone en boca de Myna una frase muy interesante, criticando directamente a la sociedad o al estereotipo marcado por la misma, cuando dice: «No tengo fuerzas para ser guapa. Implica demasiadas responsabilidades. Hay que estar a la altura de muchas cosas.»

Tanto Myna como Anatole creen estar haciendo lo correcto; una es feliz estando gorda y el otro quiere «quitarse de judío». Pero  lo que no saben es que están equivocados. La que se cree feliz quizá no lo sea y el que se siente desdichado por ser judio es más feliz de lo que piensa. Esto se refleja muy bien en una reflexión de Myna, equiparando el aspecto físico a lo exterior y la personalidad, ideas y creencias de uno a lo interior, cuando se plantea que no sabe qué será más fácil «si exteriorizar lo interior» o «interiorizar lo exterior».

Para terminar, me gustaría destacar una de las frases más impactantes de la novela:

El desánimo te puede venir tanto por una victoria como por una derrota, ambas son igual de peligrosas.

¿Qué conclusión sacar de todo esto? El ser humano necesita sentirse superior a los demás, siempre, tanto en la guerra como en un simple juego. Todo es mucho más fácil cuando nos dicen lo que debemos hacer, cuando las cosas están ya planeadas y tú sólo eres un ejecutor. Pero esas ideas tiene que pensarlas alguien. En el momento que no tenemos quien nos diga qué hacer, nos bloqueamos. Para bien o para mal, siempre terminamos desanimándonos; bien por haber conseguido nuestra meta y ya no tener nada que  alcanzar o bien porque esa meta no fuese lo esperado.


Una versión de esta reseña fue publicada originalmente el 3 de marzo en el blog de librería Pynchon&Co. End zone es la primera de las lecturas del taller literario organizado por  Pynchon, taller que incluye  ocho títulos más de los cuales, en su momento, iré compartiendo sus respectivas reseñas.

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